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Patrimonio Cultural del Ayuntamiento de Quiroga

Las manifestaciones culturales, huellas del pasado, adquieren aquí un sabor característico marcado de forma especial por dos acontecimientos destacables aunque, evidentemente, no son los únicos en la importante Historia (e incluso Prehistoria) de Quiroga marcando el Patrimonio Cultural que el Ayuntamiento de Quiroga te ofrece:

  • La estancia de los romanos desde finales del siglo II d. de C. hasta inicios del siglo V.
  • El especial carácter que supieron imprimir los Caballeros de la Orden de San Juan de Malta, dominadores espirituales y temporales de esta comarca desde finales del siglo XIII hasta bien entrado el siglo XIX.

La mejor fuente para explicar el hallazgo de los artefactos líticos en el lugar conocido como «A Gándara Chá» en la parroquia de A Ermida en el Ayuntammiento de Quiroga, es a acudir al informe de las actuaciones arqueológicas preventivas del año 2007, redactado con motivo de las obras de mejora de la carretera de Quiroga a Folgoso do Caurel.

El yacimiento de «A Gándara Chá» se sitúa en un lugar estratégico ya que era una zona natural de circulación (la vía de penetración lógica desde la Meseta) y su elevación permitía controlar visualmente el tránsito de los grandes herbívoros por las riberas del río Sil, con sus derivaciones hacia el río Quiroga primero y hacia el río Ferreiriño, después.

Ante la ausencia casi total de abrigos o cuevas naturales en esta zona, los homínidos tenían que vivir en asentamientos al aire libre. Las herramientas descubiertas en el lugar son la principal evidencia de estas primeras ocupaciones humanas de la zona.

La aparición de núcleos y fragmentos demuestra que allí se llevaron a cabo labores de talla, así como la presencia de instrumentos (raedeiras, denticulados, coitelos de dorso, bifaces circulares) indica que también desarrollaron otro tipo de actividades de carácter más doméstico.

El conjunto de la industria lítica está hecho usando los abundantes cantos de cuarzo y cuarcita que recogían en las riberas del río y transportaban hasta este lugar cercano a A Ermida.

Del período Neolítico, en concreto de la Edad del Bronce (+/- 5000 anos), tenemos constancia, por su inclusión en el Inventario del Patrimonio Arqueológico, de varias necrópolis tumulares en las parroquias de Bendollo, Cereixido y Vilar do Lor.

Se constata la existencia de los siguientes Campos de Túmulos (Mámoas):

  • Campo de Mámoas de Valdecebes, en la parroquia de Bendollo: 2 estructuras.
  • Campo de Mámoas do Monte da Medorra en la Parroquia de Cereixido, lugar de Fiais: 13 estructuras.
  • Campo de Mámoas do Alto da Medorra en la Parroquia de Vilar do Lor, lugar de Orxais. 3 estructuras.
  • Campo de Mámoas do Monte da Medorra en la Parroquia y lugar de Vilar de Lor: 2 estructuras.

En la actualidad se presentan como pequeños túmulos de tierra que sobresalen del terreno sobre el que se asientan. Las cámaras funerarias están violadas en casi todos los casos, o parcialmente arrasadas por la construcción de pistas forestales y devasas.

De este mismo periodo y, apenas conocidos e inéditos, son los Petroglifos de Fiais, en al norte de la dorsal del Monte de Fiais; en una zona donde el substrato de pizarra está en superficie nos encontramos con la presencia de estos elementos.

Grabados sobre la pizarra, aparecieron:

  • Grupo 1: 8 cazoletas (coviñas) de 3 cm de diámetro y dos apartadas de 10 y 7 cm respectivamente. La erosión del grupo de 8 está en un momento muy avanzado.
  • Grupo 2: Grabadas sobre pizarra encontramos un total de 11 cazoletas (coviñas) de 3 y 10 cm de diámetro.

En los dos casos el soporte sobre el que están grabadas, la pizarra, está muy deteriorado y su carácter laminar asegura la desaparición del petroglifo en los próximos años. En la misma zona se observan piedras, muy erosionadas, que parece tuvieron, hace algunos años, más grabados.

Aparecen, catalogados, a día de hoy 12 asentamientos castrexos en las parroquias de Vilar do Lor, Hospital, Fisteus, Pacios da Serra, Augasmestas, Sequeiros, A Ermida e Quiroga, de los que, sin duda, los más significativos, son:

Castro de Barreiro en la parroquia de O Hospital del que proceden los 17 machetes de talón de doble asa fabricados en bronce y de un solo anillo, depositadas en el Museo Provincial de Lugo, que fueron encontradas en «O Agro Vial» emplazado en el lugar de Carballo. Éste, y otros de los que solamente se conoce el substrato romano, se convirtieron en asentamientos de carácter defensivo ya que la mayoría se pueden vincular a la defensa de las rutas por las que transportaban el oro y otro tipo de minerales procedentes de las cuencas de los ríos Sil, Lor, Soldón, Selmo y el mismo Quiroga.

El Castro de Penadominga, emplazado en los contrafuertes de la Sierra de Bendollo y sumergido en un marco incomparable. De cronología a caballo entre la Edad del Hierro y la posterior ocupación romana y tardo romana.

Seguramente lo abrupto de las tierras de Quiroga, la riqueza de sus valles, la presencia de numerosos minerales interesantes e sus montañas y las áreas de oro que arrastraba con abundancia el Río Sil, sirvieron de pretexto para el establecimiento en muchos puntos de sus riberas de pequeñas y grandes minas como la de Montefurado y Quiroga que les obligó a levantar algunos asentamientos defensivos caracterizados por la presencia en su estructura de una torre, usando los puntos más escarpados y propicios de cara a la vigilancia del transporte y la defensa de las mencionadas explotaciones.

Uno de estos asentamientos, muy bien podemos situarlo emplazado en unas prominentes existentes entre las parroquias de Bendollo y Bendilló, aprovechando la estructura natural de la piedra de Penadominga. Este macizo rocoso linda al norte con Bendollo, al sur con Bendilló, al este con Porvide y, al oeste, con la Fuente de A Moura

Su posición estratégica y dominante, la configuración de su estructura y, aún más, la particularidad de que conserva restos de sus murallas con imponentes paredones de mampostería nos llevan a pensar que, efectivamente, estamos delante de uno de los denominados «Castelos de rocha» (Castillos de piedra).

Lo que podemos considerar como torre vigía del conjunto fortificado se asienta, directamente, sobre una piedra de unos 100 metros de laargo y unos 20 metros de ancho, con una altura sobre el macizo rocoso de 20 metros, en su parte más elevada en el frente exterior, y de 15 metros en el posterior.

Sobre esta posición natural se constató la evidente presencia de una zona de tierras de cultivo en la que se descubrieron, recientemente, variados e importantes objetos de hierro y bronce correspondientes a las épocas tardo romana y visigótica, entre los que figura un considerable número de monedas, piezas de barro, tégulas constructivas, piezas de cerámica decorada y un considerable número de broches de cinto, brazaletes y demás adornos personales de las dos épocas.

También en función de los restos encontrados en la superficie, se constata una habitación permanente y continuada del emplazamiento, teniendo en cuenta la presencia de una serie de piezas que fueron empleadas para trabajar: martillos, escoupros e gubias, fabricadas en hierro.

Todas estas piezas, tanto adornos como herramientas, están disponibles desde hace unos años en el Museo Provincial de Lugo.

Otra de las piezas de este yacimiento que merece una mención especial, es un pequeño bloque de pizarra, de 47 x 32 cm. que presenta, en una de sus caras u dibujo grabado que ocupa, en el centro de la misma, una superficie de 18 x 19,5 cm. No es fácil ofrecer una explicación definitiva sobre el significado de esta representación, pero todo conduce a que se trataría de un diseño simple de la planta del castillo, ya que no es la primera vez que, en piedras aisladas o grandes piedras, se encuentren grabados con este significado.

La Romanización

La verdadera conquista militar romana de estas tierras comenzó también con las llamadas «Guerras Cántabras» iniciadas definitivamente por Augusto en el año 29 a. C. y que finalizan en el año 16 a. C.

Una vez finalizado el sometimiento de los pueblos indígenas del noroeste, después de 200 años de presencia de los romanos en la península, el proceso colonizador se extendió durante más de un siglo, convirtiendo esta zona en un inmenso coto minero romano.

Resulta evidente que no se pueden estudiar por separado la ocupación romana de las zonas de Quiroga y O Caurel; uno de los motivos de esta ocupación; es decir, las explotaciones mineras y las vías de comunicación así parecen indicarlo

Tal y como se demostró claramente, el progresivo desarrollo de las explotaciones auríferas romanas avanza desde la parte baja de los valles, donde están los yacimientos aluviales e oro secundario, hasta alcanzar las zonas altas y montañosas donde se explotaban los yacimientos de oro primario: la «Roca Madre» (la «Rocha Nai») del mineral.

Obviamente este desarrollo implicaba, a su vez, un sistemático trabajo de prospección en el mismo sentido (del valle hacia la montaña). En esta zona los elementos están claros con la existencia de gran cantidad de explotaciones auríferas romanas sobre yacimientos de oro secundario (aluvial) en las zona más cercanas al valle del Río Sil y, también, en el propio valle del Río Lor.

De lo anterior podemos deducir que el camino seguido por los romanos para alcanzar O Caurel tuvo que partir de la vía XVIII del itinerario de Antonino, que unía Astúrica Augusta con Brácara Augusta a través de las actuales provincias de León y Ourense.

Esta vía cruza el Río Sil a la altura del yacimiento de A Cigarrosa, al otro lado de Petín, donde se situó la mansión Foro. Desde aquí, el camino de penetración seguiría aguas abajo el valle del Río Sil, en cuyo recorrido encontramos numerosas explotaciones auríferas aluviales, hasta la confluencia con el Río Lor, en Augasmestas, donde también podemos constatar la presencia de numerosas explotaciones del mismo tipo.

A partir de aquí, los romanos, presumieron la existencia de los yacimientos primarios de O Caurel. Avanzando por la cuenca del Río Lor encontraron el yacimiento aurífero primario de A Ermida de Castro Portela.

Más adelante, los aluviones de Froxán, les indicaron la existencia del mineral aurífero aguas arriba por el Río Lor.

De esta forma llegarían al material primario en explotaciones como A Mina de A Toca, ya en el Ayuntamiento de O Caurel; la cuenca del Río Sil, a su paso por el Ayuntamiento de Quiroga, tiene una doble importancia para los romanos: por una parte, de las arenas arrastradas por este río y de los demás yacimientos secundarios, obtuvieron una gran cantidad del preciado mineral y, por otra, sirvió para comunicar O Caurel con la red oficial romana del NW peninsular.

Puente romano de tres vanos de diferente luz, construido en tiempo del Emperador Trajano (114 – 119 d. C.). Conserva la mayor parte de su fábrica primitiva. La singularidad de este puente construido para el paso de la «Vía Nova», que junto con el Puente Freixo constituyen los dos únicos ejemplos de puentes romanos finalizados en Galicia, nos permite un estudio detallado del mismo en el que, para cruzar el valle encajado del Río Bibel y la perfecta geometría y características constructivas con las que el puente salva el paso sobre el río, nos ponene en contacto con los condicionamientos que tuvieron en cuenta los ingenieros romanos en su construcción

La elección adecuada del lugar para cruzar el río Bibei se manifiestan porque con este emplazamiento, la «Vía Nova» salvaba el cruce del río Xares y del arroyo de Manzaneda, que ofrecía dificultades por la naturaleza del terreno, permitiendo además desde aquí poder desarrollar la subida hasta Larouco

En el emplazamiento elegido para su situación, las rocas aparecen en la superficie, siendo el fondo del lecho bastante uniforme, con una altura de la orden de 3 metros, por debajo de los pilares, de tal forma que en el estiaje la fábrica de estas queda totalmente libre.

En su construcción, por lo tanto, pudieron evitarse los taludes.

El rasante del puente vino condicionado por la necesidad de desaguar el caudaloso Río Bibei, que en este tramo discurre fuertemente encajado.

Sin necesidad de realizar cálculos más ajustados, el testimonio de los vecinos del lugar que recuerdan grandes crecidas es suficiente para demostrar que los romanos no sobredimensionaron ni la altura ni la capacidad de desagüe del puente.

Se trata, por lo tanto, de un puente romano que conserva su fábrica primitiva y, por el que, en la actualidad, pasa la carretera N-120 mostrándonos cómo el trazado viario realizado por los romanos para atravesar el encajado valle del Río Bibei sigue siendo válida, diecinueve siglos después, su adaptación al tráfico rodado actual permitió su inmejorable estado de conservación.

Roma explotó intensamente las riquezas minerales de Galicia siguiendo las indicaciones del procurador metallorum, figura que miraba por los intereses del imperio y usaba mano de obra alóctona compuesta por miles de esclavos, lo que muestras un gran sentido político, que realizaron importantes obras aún vistas desde la perspectiva actual; la explotación de las Médulas de Carucedo y la desviación del lecho del Río Sil, mediante el túnel de Montefurado en Quiroga, son buenos ejemplos.

De aquellas y, para hacernos una idea, Plinio el Viejo calculó que a finales del siglo I d. C. Roma recibía anualmente del NW peninsular cantidades de oro del orden de 6 Toneladas métricas

La profunda huella del mundo romano se hace patente en la actualidad cuando observas el impresionante legado arqueológico de esta época, compuesto en Quiroga, por un complejo tejido de más de treinta explotaciones mineras de distintos tipos y una veintena de asentamientos fortificados relacionados con la actividad minera.

Atendiendo a su tipología, las explotaciones auríferas pueden dividirse en dos grandes grupos:

Explotaciones sobre yacimientos primarios: realizados para obtener minerales auríferos encajados en la piedra. Los sistemas de extracción realizados en estos yacimientos pueden ser: trincheras, cortes abiertos al aire libre y minería subterránea por pozos y galerías. Las minas de Paradas en Vilarmel, Fogas y A Veneira en A Seara y Vieiros, son ejemplos de este tipo de explotación.

Explotaciones sobre yacimientos secundarios: son las realizadas sobre aluviones fluviales o sedimentos que contienen oro procedente de los yacimientos primarios. En estos yacimientos, las labras se realizan siguiendo, entre otros, los siguientes sistemas de explotación: lavado por batea de los aluviones fluviales (como se hizo en Montefurado hasta las épocas recientes), desviación del álveo del río (el Túnel de Montefurado y el ejemplo más significativo de la Península Ibérica), sistemas de conchas de erosión (método utilizado en las minas de Sequeiros y Santa Andrea) y los cotos del minado, también denominadas «arrugia» o «ruina montium» consistentes básicamente en excavar, en el terreno, una red de galerías tanto verticales como horizontales comunicadas entre sí en las que se introducía, una vez finalizadas, una gran cantidad de agua para que entre la presión ejercida en la paredes de las galerías, la fuerza del aire que comprimía y el ablandamiento de la tierra, acabase derrumbando el terreno y produciendo una mezcla de barro, piedras y agua que conducían hasta los canales de lavado una vez retirados los cantos rodados.

Las piedras retiradas se acumulaban todas juntas originando los característicos depósitos de áridos que hoy conocemos con los nombres de «medos» o «muradellas». En los grandes complejos mineros de Quiroga (o Toucedo, o Regueiral, as Medas, Secide, etc), Covas (Augasmestas) y Margaride se empleó, como método predominante de extracción, este sistema de explotación.

Como dato curioso e ilustrativo de la importancia que tuvo el beneficio del oro a lo largo de la Historia, caben destacar las observaciones hechas en su trabajo por el geólogo alemán Guillermo Schultz, que recorrió Galicia durante los años 1.832 y 1.833, descubriendo la presencia de las denominadas «aureanas»: mujeres que se dedicaban a la obtención por batea en la cuenca del Río Sil a su paso por Quiroga, sobre todo en Montefurado.

De todos estos restos que nos han llegado a nosotros, destaca por su importancia y grandiosidad, el Túnel de Montefurado, principal elemento de un gigantesco complejo minero contemplado como uno de los grandes logros de la ingeniería romana. En esta ocasión, la base principal de los trabajos consistió en desviar el curso de la corriente un tramo que coincidía con un amplio y acusado meandro arenoso que, de esta forma, quedaría libre para recoger más rápido y con mayor facilidad de su lecho desecado las arenas de oro que arrastraba y aún arrastra el legendario río.

Una serie de investigaciones para la confección de una memoria presentada en el año 1.995 para conseguir la declaración del Túnel de Montefurado como «Bien de Interés Cultural Nacional», revelaron que el emblemático túnel quirogués construido por los romanos a inicios del siglo II d. C. durante el mandato del gran Trajano, es el túnel artificial de mayores dimensiones y más antiguo de los abiertos en la Península Ibérica y uno de los pocos realizados por los romanos en todos los territorios que llegaron a ocupar.

La reconocida «auri sacra fames», que caracterizó a la Administración Romana, hizo que esta no se detuviera delante de las dificultades impuestas por la naturaleza, aún cuando, como en el caso de Montefurado, necesitaron del cambio del curso de un gran río para beneficiarse del oro de sus arenas.

Para materializar el proyecto, se perforó el macizo rocoso con un hueco lo bastante grande como para que cupiera todo el caudal. Las dimensiones del túnel, sobre las que mucho se lleva especulado, dan una idea del colosal esfuerzo realizado. Tenía una longitud de 120 metros, hasta el talúd accidental provocado por una crecida en el año 1.934 que lo dejó reducido a los 52 metros abovedados que tiene en la actualidad.

La anchura media es de 20 metros y la altura también está próxima a los 20 metros, de los que 12,5 se encuentran bajo el agua que, en la actualidad, después de haber sido elaborada una topografía del fondo, se puede observar una importante acumulación de cantos rodados en la desembocadura de entrada y de grandes bloques en la salida.

Probablemente el inmenso hueco, hoy formas suavizadas por la acción del agua algo más de 1800 años, fue excavado usando la denominada «técnica do lume» («Técnica del fuego»), consistente en calentar la piedra hasta conseguir temperaturas muy altas para, después, enfriarla con agua, dejando que la brusquedad del cambio de temperatura rompiera, de una forma fácil e inmediata, el macizo rocoso para redondearlo, poteriormente, con herramientas metálicas, cuyas marcas se pueden observar en algunos puntos.

Parece indudable que las dimensiones de esta empresa solicitaría la presencia de un importante número de trabajadores; sobre emplazamiento de los mismos las noticias son mínimas o nulas y, las que hay parece que responden más a la leyenda que a la realidad.

Según Madoz en la aldea de Sesmil (al que daría nombre Seismil) actualmente perteneciente a la parroquia de Santa Isabel de A Enciñeira al sur de Montefurado, señala la tradición que sería el lugar donde se asentaría la legión que supervisó los trabajos de perforación y posterior beneficio minero.

Constaría el contingente, de 6.000 hombres, dando por lo tanto origen al topónimo. Topónimo que, por otra parte, se originó según Nicandro Ares Vázquez («Toponimia del Ayuntamiento de Quiroga». LVCENSIA. Nº12-LUGO, 1996) como antropónimo gótico Sisimirus/Sesmirus.

Conjeturas aparte, resulta una creencia popular encantadora y no se puede juzgar de imposible: la aldea de Sesmil está próxima y domina toda la explotación minera y no podemos olvidar los testimonios de varios vecinos que hablan de la existencia de una «especie de sepulturas» con sus correspondientes lápidas en lugares dedicados al cultivo del viñedo.

Gracias al impresionante trabajo de digitalización de publicaciones antiguas llevado a cabo por la Biblioteca Cervantes, ahora podemos acceder, online y cómodamente a través de los buscadores, a material que hace unos años resultaría dificilísimo de encontrar.

De aquellas, como producto de la inquietud investigadora encontramos un documento que aunque debemos analizarlo con cautela por la imprecisión de algunos datos, revela cómo sería el entorno próximo al Túnel de Montefurado antes de las obras de la N-120 que dañaron la zona seriamente sin dejar documentación escrita y gráfica para los posteriores estudios del funcionamiento de este complejo sistema minero.

Datos obtenidos de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, documento del Seminario Pintoresco Español del 25 de Mayo de 1.851, firmado por J. R. Figueroa.

“(…) Tres son principalmente los que deben admirarse en el Montefurado. La primera las grandes represas, cuyos vestigios se conservan hechos para contener el desvordamiento de las aguas y facilitar los trabajos sucesivos; la segunda el canal ó alveo de 3200 pies de longitud, 70 de latitud y 50 de profundidad, abierto en las rocas para conducir las aguas al pie del monte, y tercero el estanque llamado la pesquera formado para recibir las aguas á la salida del mecionado monte por la parte que mira al poniente, este estanque tiene desde la boca del tunel á la otra orilla sobre 1000 pies, por 1200 de anchura. El monte medido desde una á otra boca por la parte exterior, da un resultado de 1700 pies superficiales, y la bóveda ó galeria una tercera parte. La altura de esta medida en los meses de verano desde la flor del agua es de 30 ó 40, y desde esta al fondo de 30 ó 70, según está mas ó menos atascado el canal por el arrastre continuo de las arenas. En dicha época del año se ve un botabanco ó cornisa de dos pies de anchura que corre á lo largo de la bóveda por ambos costados, en los que se encuentran cinco puertas dos en el uno, y tres en el otro, que daban paso a otras tantas galerías subterráneas, que al presente se hayan atascadas á escepcion de dos, cuyas salidas reconocen los prácticos á larga distancia del rio, sin que puedan determinarse los usos para que fueron construidas, á no ser para evitar en las grandes avenidas el retroceso del río á su antigua madre, como sucede al presente, á pesar de que es muy raro el año en que las aguas dan la vuelta completa (…)”.

Otro de los puntos de este entorno, que también puede ser considerado como integrante del complejo minero de Montefurado; es la torre o fortaleza que coronaba el espolón rocoso por encima del Túnel. Los restos romanos de esta zona siempre fueron incluidos en el catálogo del Patrimonio Arqueológico. Por ello, siempre nos preguntamos por la existencia de una estructura fortificada con torre grande, que encontramos en la cultura popular y, mismo, en el escudo antiguo del Ayuntamiento de Quiroga (una torre sobre un monte agujereado). Su existencia, si no se confirma plenamente, logra un nuevo empujón con la aparición de un dibujo del natural Túnel de Montefurado de D. José Cappa, dentro de los paisajes de Galicia publicado en la serie «La ilustración Española y Americana», que nos ofrece una visión espectacular de cómo sería el aspecto del túnel y la estructura que lo coronaba en el año 1.887

La Ilustración española y americana – Año XXI. Núm. 38. Madr

Por si fuera puco, también en el documento del Semanario Pintoresco Español del 25 de mayo de 1.851, firmado por J. R. Figueroa, podemos leer: “(…) Corona una de las crestas del monte un fuerte de construcción no muy antiguos. En nuestra guerra peninsular, sirvió de asilo y de punto de defensa a los que trocaban de la noche a la mañana la azada por el fusil; hoy solo sirve como punto de meditación y de descanso a cuantos cruzaban los Valles de Quiroga para contemplar el magnífico espectáculo de monte Furado”.

Esto explicaría las múltiples referencias que recogemos en la bibliografía a lo largo del tiempo, referida a la existencia de una torre en la entrada de las tierras de Quiroga siguiendo el curso del Río Sil.

Aparte de las importantes tareas para el aprovechamiento de las áreas arrastradas por el río. nos encontramos en el entorno del antiguo lecho otro tipo de prospecciones de menor importancia y que normalmente pasan desapercibidas.

Los restos de las tareas mineras menores se encuentran completamente sepultadas por la vegetación acumulada; aún así aparecieron varias galerías de mina abandonadas a los pocos metros de su inicio. Alguna de estas catas parecen indicadas en un impreciso esbozo del Túnel de Montefurado realizado por Manuel Amor Meilán en su apartado de la «Xeografía do Reino de Galicia»

En la zona de Montefurado la actividad minera no se reduce al entorno inmediato del túnel existen varias explotaciones auríferas sobre aluvión, de distintas proporciones y de adscripción cultural romana. Resultaría prolijo realizar un análisis pormenorizado de cada una de ellas, pero como complemento cabría citar las más destacadas.

En Ermidón, parroquia de Montefurado, hay restos de una explotación sobre aluvión en una zona muy alta y en la que aún se pueden apreciar, perfectamente, las técnicas de extracción usadas.

En el lugar conocido como «A Veiga», se localiza una explotación similar a la anterior.

El mismo pueblo de Montefurado se asienta sobre un complejo minero de considerables dimensiones.

Un poco más alejado, pero dentro de la misma área en la parroquia de Vilanuide aparece la explotación de A Cabeza, y en la orilla del río otras dos, una de ellas de considerables dimensiones. En Albaredos y Sesmil, también, podemos observar restos del mismo tipo

Ligados al desarrollo de los trabajos de esta intensa actividad minera existía una red de asentamientos fortificados de tipología castrexa. Bajo el lugar de O Ermidón (parroquia de Montefurado) justo encima de la boca del monte encontramos un yacimiento en buenas condiciones de conservación. En Anguieiros (parroquia de Montefurado) aparece un asentamiento tipo castro, de considerables dimensiones, emplazado sobre un pequeño otero en el que aún pueden contemplarse espectaculares socalcos. También en Vilanuide existe un asentamiento de características similares.

La profunda huella del mundo romano es visible en la actualidad en el rico patrimonio arqueológico de la comarca quiroguesa. Se trata de un tejido minero compuesto por 66 explotaciones de distintos tipos, acompañadas por una veintena de asentamientos fortificados ligados a la minería.

Menos la zona aurífera de Montefurado, otro de los mejores ejemplos en el Ayuntamiento de Quiroga, en cuanto a minería, es e área minera romana de Penafurada (Paradaseca)

Al lado del Camino Ferradal o de A Caleira, por el que se transportaba el mineral a la herrería de A Gorgueira de Paradaseca, aparece este importante área minera. Aquí se puede ver el pequeño túnel excavado en el espolón rocoso para no interrumpir el canal por el que los romanos llevaban agua a sus explotaciones mineras de curso bajo del Río Soldón e, incluso, el Río Sil (Sequeiros). Además, desde este hermoso paraje natural se pueden contemplar dos pequeñas explotaciones auríferas en la otra orilla del Río Soldón. La zona está equipada con tres paneles interpretativos de la minería romana, del Camino Ferradal y de os elementos que contiene la ruta.

La antigüedad de la implantación del cristianismo en la Comunidad Gallega viene marcada por el llamado «Crismón de Quiroga»; pieza fechada entre finales el siglo IV e inicios del siglo V, procedente del santuario de la Virgen de los Remedios de A Ermida, donde, a juzgar por varias piezas como el capitel incrustado en la sacristía y las bases de columna que hoy actúan como pilas de agua bendita, podría haber existido en el mismo lugar, o en las inmediaciones, una basílica o mausoleo romano.

En la actualidad no se puede hablar de la existencia gallega de núcleos cristianos fuertemente arraigados hasta el siglo IV.

En los albores, el proceso de cristianización hay que vincularlo a los centros de población más importantes, no obstante, hay que tener en cuenta el hecho de que la mayor parte de los habitantes se asentaban en lugares marcadamente rurales, extremo que dificulta una adecuada expansión de este nuevo pensamiento religioso.

Las huellas artísticas que, por el momento, podemos valorar sobre los primeros tiempos de la cristiandad son muy escasos y no permiten precisar acerca de laas posibles áreas de expansión del cristianismo en Galicia, la intensidad del fenómeno, el nivel cultural y artístico de estas comunidades, etcétera.

A nivel artístico podemos decir que, dentro del siglo IV, la producción paleocristiana se extiende en un conjunto romanizado, y unido, a núcleos de población donde la romanización está más afirmada.

Una pieza clave en el estudio de la producción artística y el contexto paleocristiano, es el denominado «Crismón de Quiroga», perteneciente a la Iglesia Parroquial de Santa María de A Ermida.

Según numerosas referencias bibliográficas, hasta 1.887, esta pieza realizaba función de ara en el altar mayor de la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios de A Ermida y se desconoce desde cuándo tiene esta función. Con el paso del tiempo, la piedra consiguió un valor mágico entre la gente hasta tal punto que los fieles de la comarca, furtivamente, rasparon el Crismón para hacer, con las partículas obtenidas, ungüentos mágico-medicinales.

Habría que buscar, en esta circunstancia, el motivo por el que en 1.887 se retiró del altar para protegerla de esta mal entendida y desviada espiritualidad a la que cabe culpar de los pequeños deterioros que muestra la pieza en la actualidad. En el año 1.925 pasó a formar parte de los fondos del Museo Diocesano de Lugo, convirtiéndose de esta forma en la pieza más valiosa y valorada por tratarse de un ejemplar único en el mundo de la Cristiandad

La pieza de la que hablamos es un gran disco de piedra de 95 cm. de diámetro y 6 cm. de grosor, realizado en mármol gris veteado, posiblemente procedente de las canteras existentes en las vecinas tierras de Incio.

En su centro aparece ocupado por el monograma de Cristo: la letra «P» de 72 cm. y la letra «X» de 70 cm. cada una de las aspas. Cabe señalar que todas las letras del Crismón se realizan en negativo; es decir, mediante un ahondamiento en la piedra. Tanto el palo de la letra «P», como cada aspa de la letra «X», tienen clavos sin punta unidos entre sí y con las cabezas hacia fuera.

El Crismón se sitúa entre las letras griegas «α» (alfa) y «ω» (omega), que son la primera y la última letra del alfabeto griego.

En el borde, ligeramente más elevado, aparece una inscripción enmarcada en el medio de dos sartas de posibles perlas que conforman el perfil interior y exterior de la inscripción.

El texto epigráfico circunscribe totalmente el «cristograma» que empieza con un pequeño monograma, pero sin alfa ni omega, continuando con el siguiente dístico (estrofa de dos versos) latino:

AVRVM VILI TIBI EST ARGENTI PONDERA CEDANT/ PLVS EST QUOD PROPIA FELICITATE NITES («El oro es vil para ti, las riquezas de plata se abaten, pero es tu propia felicidad aquello por lo que brillas»).

¿De cuándo es la obra?

Los numerosos estudios realizados, sobre todo por H. Schlunk, que tiene en cuenta el contenido iconográfico, y por J. Fontaine, que se centra en el estudio del texto literario, añadido a las distintas hipótesis sobre la función de esta pieza, llevan a pensar casi todos los autores que se trata de una obra realizada hacia el año 400 o en los primeros decenios del siglo V.

¿Qué finalidad tenía el Crismón?

Son muchas las hipótesis manejadas por los historiadores pero por el momento ninguna es definitiva. Si tenemos en cuenta las diferentes líneas de investigación, el Crismón tendría una de las siguientes finalidades:

Para los historiadores A. del Castillo, Vives y De Palol, sería el adorno principal de la fachada de una iglesia paleocristiana.
García Villada, señala esta pieza como mesa de altar o dedicación de una iglesia.
Los partidarios de la línea abierta por H. Schlunk y Fontaine opinan que la pieza de la que estamos hablando se usaría como mesa de ofrendas. Si se confirma esta tesis, supondría la primera mesa de este tipo en los primeros pasos de la cristiandad.

A estas propuestas, que podríamos considerar clásicas, también habría que añadir la línea abierta por Xaime Delgado, que considera incluso una profanación colocar ofrendas sobre el símbolo del Cristo, e incluso en muchos casos personificación de este. Para este historiador, la función del Crismón de Quiroga se podría relacionar con el culto funerario, ya que son muchos los ejemplos de su presencia en espléndidas lápidas.

A partir de aquí, la continuidad en los estudios de este ejemplo y de algún otro hallazgo en el mismo contexto, arrojarían luz sobre la función de esta pieza.

Es un edificio de dos naves sometido a lo largo de su historia a numerosas reformas. La parte central incluye la nave principal y el prebisterio, que corresponden al siglo XVII. La nave lateral, separada por un alicerce, es más estrecha que la principal, fue construida en el año 1.773, siendo prior de la Encomienda Frei Antonio Somoza e Quiroga.

El campanario es de un solo cuerpo por encima de los muros de la portada.

El retablo mayor; obra de principios del siglo XVIII, restaurado recientemente, es de estípites. En él destaca la imagen de Nuestra Señora de A Ermida, advocación de la Virgen de los Remedios; pequeña escultura pétrea de origen desconocido (probablemente del siglo XIII), colocada sobre un armazón de madera y vestida al modo de las vírgenes del barroco español.

La larga Edad Media

Otro de los momentos singulares de la Historia de esta Comarca es a Orden de San Juan de Jerusalén, que hizo de esta tierra cabeza de una Encomienda, lo que supuso el germen de una dinámica artística muy importante para las tierras de Quiroga.

La iglesia mantuvo altas cotas de poder durante siglos a través de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, también conocida como «Orden de Malta», «Orden de San Juan de Malta» u «Orden de los Hermanos Hospitalarios».

El dato más antiguo en relación con la presencia de los Hospitalarios en el ámbito de la Encomienda quiroguesa, data del 6 de diciembre del año 1.172, pero no será hasta las dos últimas décadas del siglo XIII cuando la figura del comendador de Quiroga aparezca frecuentemente citada en la documentación, demostrando que ya existía una estructura organizativa estable en la misma («Las Encomiendas Gallegas de la Orden de San Juan de Jerusalen. Estudio y edición documental. La Encomienda de Quiroga.» Isidro García Tato y Eleutino Álvarez Álvarez. Tomo II-1).

Otros historiadores en su obra ofrecen otros datos sobre la implantación y desaparición de la Encomienda de Quiroga: la presencia de la «Orden de Malta» en estas tierras está documentalmente probada desde el año 1.186 hasta 1.884, útima fecha correspondiente al largo proceso desamortizador de sus múltiples posesiones («La Encomienda de Quiroga y sus documentos», fuente: L. López Pombo). Hay historiadores que señalan como fecha de finalización el 19 de marzo de 1.874, cuando las Encomiendas fueron suprimidas como consecuencia de un auto dictado por el cardenal Moreno, arzobispo de Valladolid.

Se fundó con fines benéficos y puramente piadosos, convirtiéndose con el paso del tiempo en un cuerpo religioso-militar que llegó a tener fama por sus hazañas bélicas en las que participaban sus fieles guerreros, sujetos a una rígidas reglas y normas que obedecían a los tres votos clásicos de pobreza, obediencia y castidad, más allá de un cuarto voto perpetuo de guerra santa contra los infieles.

El misterio que rodea a esta orden, creada en la época de la I Cruzada, dio pie a múltiples historias y leyendas. Su cometido inicial consistía en proteger a los peregrinos que iban camino de Jerusalén y custodiar el Santo Sepulcro. Con el paso del tiempo y después de su implantación en un amplio territorio, se convirtieron en defensores de los necesitados y, también, de todos los peregrinos que iban hacia Compostela y a otros lugares de peregrinación.

De las tres Encomiendas que la Orden estableció en la provincia de Lugo: Portomarín, Beade y Quiroga-O Incio-Osoño, la de Quiroga cobraba rentas y ejercía jurisdicción sobre un amplio territorio comprendido por los partidos de Hospital, Moreda, Baamorto, Trives, Cristosende, O Bolo, San Clodio, Bendollo, Valdeorras, O Incio-Broza, Villafranca del Bierzo, San Miguel de Larouco, Hospital de O Condado, Lor, Seara, Cartello y Castrelo, Allariz y Osoño, además de los cotos de A Ferrería, San Cristóbal, Pena Verde, Figueirido, Couto Redondo de Biduedo, Peites, Perites, Larouco, San Miguel, Sandalle y Lor.

Algunos cotos eran muy pequeños, otros eran toda la parroquia con su templo. De la msma forma ocurría con partidos; algunos de ellos como el de Seara (en Quiroga), se limitaba a una sola freguesía, pero otros, como el de Incio-Broza, comprendían las parroquias de Foilebar, Hospital, O Incio y Trascastro.

En la mayor parte de los partidos, la jurisdicción correspondía a la Encomienda donde ponían su voluntad los jueces que administraban la justicia, nombraban a los eclesiásticos para las parroquias y cobraban todos los impuestos que les correspondían. En otros partidos no era así, pues en el caso de Allariz, donde tenían numerosos foros, el señorío le correspondía al marqués de Malpica («La Encomienda de Quiroga y sus documentos» Fuente: L. López Pombo.)

Jerárquicamente pertenecía al priorado de Castilla y León («Quiroga. Encomienda de San Juan» Fuente: L. A. Teijeiro.)

De las múltiples riquezas que consiguieron después de 700 años de dominio en este territorio dan fe a las importantes obras arquitectónicas y la rica y variada imaginería que llegó hasta la actualidad.

El Castillo de Os Novais (donde se conservan los restos del conocido como «Palacio de la Encomienda»), San Pedro Fiz de O Hospital en O Incio, el Conjunto de O Hospital de Quiroga, las iglesias de A Ermida, Carballo do Lor, A Seara o Bendollo son inmejorables ejemplos.

Ante la imposibilidad de hacer, aquí, una selección de todos los ejemplos representativos de esta época, por su singularidad e importancia para esta zona, enumeramos los siguientes emplazamientos:

La superficie total que ocupaba el Castillo de Os Novais aparece, hoy muy alterada por la constrtucción de la carretera N-120 en la década de los 70 del siglo pasado.

La cabecera de la Encomienda que los caballeros de San Juan de Malta poseían en Quiroga era el Castillo de Os Novais, situado en la actual parroquia de Santa Mariña de Sequeiros.

Varias razones de peso avalan la elección de este emplazamiento para la construcción de una fortaleza como la que hoy vemos: la posición estratégica en un impresionante cantil rocoso sobre el lecho del Río Sil y la importancia histórica de la ruta procedente de la meseta hacia el interior de Galicia que pasa por el lado menos abrupto de la atalaya natural, de camino a Quiroga, a O Hospital y A Ermida, el riego del Castillo.

En la actualidad, menos los muros que se observan parcialmente enterrados en distintos lugares del yacimiento a los que cabe atribuirle un origen más antiguo, consta de dos estructuras que son independientes: una torre en la parte más alta mirando al este y el denominado «Palacio de la Encomienda» hacia el oeste. Se sabe que la fortaleza tenía un carácter público y eclesiástico y en su torre estaba situado el archivo de La Encomienda.

Todo apunta, tanto el registro histórico como el arqueológico, que el Castillo de Os Novais tal y como hoy lo conocemos empezó a construirse bien entrado el siglo XIII, en el 1.215 aún no existía; en esta fecha Alfonso IX hizo un cambio con la Orden de San Juan otorgándole a los sanjuanistas Os Novais y Quiroga. En este documento no aparece mencionada ninguna fortaleza. Cabe pensar, dada la importancia que se les concedía a estos edificios que no existía aquí nada similar.

La primera prueba documental de su existencia está fechada el 18 de abril de 1.402 («Las Encomiendas Gallegas de la Orden de San Juan de Jerusalén. Estudio y edición documental. La Encomienda de Quiroga.» Isidro Garcia Tato y Eleutino Álvarez Álvarez. Tomo II-1).

La torre es una construcción prácticamente cuadrada con muros que llegan a medir, en algunos tramos, un grosor máximo de hasta 4 metros. Esta estructura arquitectónica presenta pocas aberturas en sus regios muros. En la fachada sur, la puerta de entrada generada por un arco y una bóveda de medio punto, construida con piezas de la llamada «pedra cabaleira» que es un conglomerado de color dorado intenso debido a la oxidación del hierro que contiene.

El cierre este, sobre el Río Sil, se adorna con un original vano; esta ventana-balcón «pareada» construida en varias piezas del mismo material que las molduras del arco de la puerta, se convierte en el elemento más peculiar del conjunto. El resto de los muros no presenta ninguna abertura.

Sobre las cabezas de los muros, a pesar del mal estado de conservación, se puede advertir la existencia de una estructura que recuerda a las almenas o, por lo menos, un muro de anchura menor a la de los paramentos verticales y que tendría una altura próxima a la cintura de una persona. Lo más curioso es que entre tanta ruina aún podemos contemplar en dos ángulos del edificio, dos derrames de agua a modo de gárgola de rústica factura.

Su presencia lleva a pensar que la cubierta del edificio estaría apoyada directamente sobre el muro y construida a base de madera y tejas de adobe como señalan los múltiples restos de este material.

En el interior, el espacio existente es muy reducido debido al grosor de los paramentos. Con toda seguridad y, a juzgar por las anclas que se conservan, se articularía en dos alternativas separadas por un piso de madera con escaleras del mismo material.

No podemos pensar en esta construcción como lugar de vivienda, o cuando menos, no llegaron hasta hoy elementos que indiquen esta posibilidad. Luís López Pombo, en su obra «La encomienda de Quiroga y sus documentos», apunta que en la torre se guardó el importante archivo de la Encomienda de San Juan hasta el año 1.752, fecha en la que los caballeros-mojes ya tenían su residencia en la Casa de la Encomienda de O Hospital.

Hasta entonces, según López Pombo, la documentación se encontraba protegida en la sala de esta torre a la que se entraría por una puerta de hierro con cuatro cerraduras; las llaves estarían en poder del Comendador y otros tres cargos de la organización, por lo que pasa acceder a los documentos era necesario el consentimiento y la presencia de cada uno de los depositarios de las llaves.

La documentación estaba guardada en un mueble de dieciocho cajones, tantos como partidos dominaba esta Encomienda, guardándose con mayor cuidado los pergaminos y los tomos por ser los documentos de mayor antigüedad e importancia.

El «Palacio de la Encomienda», como se conoce popularmente se le conoce es un edificio cuya planta está construida por un trapecio rectángulo de airosas dimensiones, se presenta en la actualidad con un carácter mucho más abierto que el de la torre con la que comparte este notable collado para la historia de la Comarca de Quiroga.

Algunos apuntamientos sobre el registro arqueológico (Iván Álvarez Merayo, arqueólogo del campo de trabajo juvenil internacional de la Xunta de Galicia en el Castillo de Os Novais en el año 2016): los espacios conservados permiten comprender buena parte de la evolución social y constructiva del elemento

Empezando por la ventana NE del actual palacio que, en origen, era una saetera de la muralla (siglo XIII), pasó, luego, a ser tronera (siglo XV) y acabó como ventana abierta en el palacio moderno. Comprobamos, también, como la parte conservada era, en origen, la fortificación del castillo; a lo mejor, el primero castillo defensivo antes de que se construyera la parte ahora desaparecida.

De tal forma, la torre ocupaba el espacio central y estaba rodeada por una muralla que protegía una pequeña superficie. La puerta del actual palacio, situada en el mismo muro que la ventana descrita con anterioridad, sería el acceso a esta fortificación.

Probablemente una puerta en altura, ya que el acceso al castillo «desaparecido» se hacía por el actual camino de subida al recinto como se puede apreciar en los restos de una puerta que se conservan embutidos en las paredes de las dos casas que flanquean el actual camino de acceso.

Formando parte del actual palacio, en su extremo oeste, aparece una estancia con puerta de arco de medio punto, acabado escodado en sus piedras claramente románico y muros de más de un metro y medio de grosor esta es una de las torres de la fortaleza que aparecen citadas como «torre de la campana» y «torre de los clérigos» en la documentación sobre las «mejoras» de 1.671 («Las Encomiendas Gallegas de la Orden de San Juan de Jerusalén. Estudio y edición documental. La Encomienda de Quiroga.» Isidro Garcia Tato y Eleutino Álvarez Álvarez. Tomo II-1).

Con estos datos y un mínimo análisis de los muros parece claro que, en origen, era una torre de esquina para la defensa de la muralla/fortificación y que al perder su valor estrictamente defensivo pasó a formar parte de la estructura del palacio.

De acurdo con las observaciones hechas el palacio, cuando menos su configuración actual, no es medieval. Aprovecha la muralla románica que defendía la «Torre del Homenaje» y, en ella, se abren amplias ventanas cuando pierde su función defensivo militar y se acercan los muros del actual palacio, mucho menos gruesos y sin coser con la estructura original; de ahí su mal estado de conservación en comparación con la parte aprovechada de la muralla (Iván Álvarez Merayo, arqueólogo del campo de trabajo juvenil internacional de la Xunta de Galicia no Castelo de Os Novais en el año 2016).

Lo más destacado de esta noble mansión hay que buscarlos en la magnífica articulación de su fachada. Consta, el elemento de cierre principal, de dos cuerpos bien diferenciados:

El primero, la puerta de entrada formada por un arco y una bóveda de medio punto, sobre el que aún se puede ver una piedra grabada con la Cruz de Malta que permite asociar esta casa con los Caballeros de San Juan.

Además de la entrada, adornan este cuerpo tres huecos de ventana desiguales. Todos los elementos, como los del segundo cuerpo, realizados en cadeirado de pizarra cuidadosamente trabajada.

En el nivel superior, a la izquierda un pequeño balcón y en el centro un hueco de ventana cuadrado. Al lado del ángulo derecho, otro rectangular, de mayores proporciones, en sentido longitudinal.

La distribución del alzado interior también constaría de dos cuerpos y una cubierta en dos aguas (aún en la memoria de algunos vecinos del lugar), realizada en teja de adobe de factura muy rudimentaria, sobre un armazón de madera. El piso superior y el techo, según algunos testigos, se hundieron a finales del siglo XIX como consecuencia de un incendio. Por lo tanto no hay ningún elemento que nos permita hacer valoraciones sobre las existencias superiores del edificio.

El piso inferior, en el edificio original, estaría dividido en cuatro estancias de las que, actualmente, solamente se conserva completo y en mal estado un muro de separación y, del resto solamente se pueden ver los arranques.

Es posible que alguno de los muros que delimitaban el espacio interior fueran eliminados voluntariamente a lo largo del tiempo. Aún podemos ver, aplicando una buena dosis de voluntad, el lucido interno de las paredes la base del mortero de cal y arena aplicado en tres capas consecutivas, en la segunda aparece una decoración consistente en un tejido de cuadrados realizados con algún tipo de patrón.

Aunque el paso del tiempo nos dejó sin muchos elementos para valorar, hay que dejar constancia de la configuración del pavimento de las estancias inferiores de la planta baja, donde, en algunos sectores, el suelo aparece cubierto por fragmentos de pizarra pulida y bien colocada.

Sin embargo, la mayor parte aparece excavada en la roca sobre la que se asienta el palacio, presentando un considerable desnivel en algunas zonas. Hay que destacar, también, la existencia de un complejo sistema de desagües formados por una red de estrechos y hondos canales de hasta 20 cm. cuidadosamente talladas en la piedra sobre la que se construye el edificio. Existen retos que permiten intuir que los canales estarían escondidos bajo losas bien ensambladas que formarían parte del suelo de las habitaciones.

Estrechamente ligado al anterior conjunto, aparece el núcleo de O Hospital, que conjuga un importante número de elementos del legado cultural de varias épocas centrado por la Iglesia Parroquial de San Salvador, de cronología imprecisa, pero a la que cabe atribuirle un origen prerrománico en la Capilla de San Juan, donde podemos ver las lápidas de ilustres Quirogas y Losadas y que constituye la cabecera del edificio actual notablemente ampliado en sucesivas etapas.

Otras piezas de especial importancia dentro del mismo edificio son el Retablo Mayor Barroco, el Cristo Crucificado, el San Bartolomé Vello y, también, el Nuevo y, la pila Bautismal.

Completan el importante núcleo de O Hospital la arruinada Casa Torre o de Tor, palacio con un origen más que probable en el siglo XVI y, no muy lejos de esta, la Casa de Carballedo, con escudo de armas del mismo siglo. En un radio de pocos kilómetros las Casas de Outeiro, Veiguiña y Lamela ofrecen mudo testimonio de un esplendoroso pasado ligado a la Orden de San Juan.

Edificio de amplias proporciones de planta rectangular que, en la actualidad, integra la denominada «Capilla de San Juan», formado por tres naves en las que se observan partes que corresponden a épocas muy diversas. El ábside rectangular es románico tardío. La capilla del altar mayor también´guarda elementos de la tradición románica.

La sacristía hasta hace poco contaba con una bóveda de crucería retirada por los vecinos por miedo a que los empujes de la misma dañaran el edificio.

El resto de la iglesia sufrió importantes reformas en los últimos siglos.

La nave: el cuerpo del templo consta de tres naves comunicadas con arcos de medio punto e imposta, apoyados en pilares y columnas. En la nave central, a la altura del tercer tramo se esconde una absidiola con muros a los lados que llevan columnas para la bóveda de cañón y tramo semicircular cubierto de una gruesa capa de cal con bóveda de cascarón, canecillos y aleros de pizarra, todo incluido bajo el techa de la iglesia. Las bóvedas de las tres naves se cubren de barrotillo y se abren a la fachada principal por tres puertas alinteladas. La sacristía es de planta cuadrangular y se juntan al alzado norte en la parte media del templo, con cobertizo sobre columnas en ángulo que queda hasta la fachada.

Los muros, a base de mampostería de pizarra azul extraída de la cantera de Pombeiro, en la misma parroquia. Tejado de pizarra, espadana de dos vanos y coro alto a los pies.

El ábside: se llama «Capilla de San Juan», «Capilla de los enterramientos» o «Capilla de la Comunión» consta de tres tramos que también se abren al exterior por dos pares de contrafuertes. Los paramentos interiores llevan su propio arcosolio y en los pavimentos hay varias sepulturas de caballeros. Se cubre con bóveda de pizarra. Enfrente hay una ventana de medio punto al interior con pronunciado derrame.

Altar de los neófitos: Enfrente al ábside de los enterramientos se conserva un altar que se utilizó como mesa por parte del tribunal que tenía que admitir a los aspirantes a la Orden de San Juan. El frontal está cubierto de cerámica, con la Inmaculada Concepción en el centro, en los que predomina el tono azul. La obra es del siglo XVI y le faltan varias piezas.

La Casa de la Encomienda o simplemente La Encomienda era un agregado de edificios (según consta en un documento de 1.796) que llegaba desde el patio de la Iglesia Parroquial hasta la Casa Santa o Hospital. En el primitivo solar de la misma, en la actualidad, parece el llamado «Pazo da Encomenda», reconstruido en 1.843 por los Flórez de Losada: el resto de la edificación desapareció.

Ahora es un edificio de grandes dimensiones muy transformado por las sucesivas reapariciones, de todas formas, el caserón conserva el encanto de un pasado de grandeza. Destaca dentro de todo el conjunto la cuidada bodega y, en la fachada que da a la escalinata de acceso en el último cuartel un castillo de tres homenajes; en la actualidad de la familia Taboada Varela.

En la actualidad no se conserva ningún resto de ella, sería un edificio destinado a Albergue y Hospital regentado por los Caballeros de San Juan de Jerusalén. De esta insntitución deriva el topónimo parroquial de Hospital.

Es más que probable que se ocupara alguna edificación en el lugar donde en la actualidad se asientan las casas del lugar de Hospital o alguno de los terrenos vacíos entre la Casa de la Encomienda y el Palacio de Tor.

Según algunos autores fue el primitivo solar de los Losada, fundado al parecer por un caballero francés desplazado hasta este lugar para luchar contra los musulmanes.

Es un edificio de tres plantas, casi cuadrado, con muros de mampostería, marcos y esquinas de granito, cubierta de teja y montantes en las ventanas.

Es unan obra fundamentalmente del siglo XVIII, aún que hay quien afirma que sus orígenes habría que buscarlos en el siglo XVVI.

Pináculos piramidales en los ángulos del tejado en cuatro vertientes, balcones volantes con barandillas de hierro forjado y en el piñón cruz de hierro y veleta con el león de los Balboa. En el frente posterior, puerta con arco ligeramente apuntado al que se accede por una escalera de piedra.

En la fachada norte, dos escudos: el de la derecha dividido en cuatro partes por la cruz de Alcántara, con pizarra, lagartos, perro atado a los pinos, cinco estacas y un ave coronada. El de la izquierda, de cuatro carteles, con brazo y maza, perro atado al pino, flor de lis con cinco roeles y león sobre ondas.

Parece más antigua la construcción pegada a la torre, tal vez el primitivo solar, en el que sobresale un arco de perfil lanceolado.

En la actualidad la construcción está en ruinas y pertenece a la familia Taboada Varela.

Edificio construido en el año 1.848 con muros de mampostería, tejado de pizarra y corredor con escaleras de granito. Perteneció a los condes de Gavia. En el frente sur escudo, con celada a la derecha, divido en cuatro partes con un perro atado al pino, cinco estacas, pizarra y lagartos y león sobre olas; en el borde la inscripción: «sin Dios todo es vanidad».

Los dueños actuales conservan otra piedra de armas ovalada y con inscripción, en piedra de pizarra. Se articula en cuatro cuarteles el león atado al pino, las cinco estacas, pizarra y dos lagartos más un creciente y cinco estrellas.

El estado de conservación es muy bueno: se encuentra poco alterada con respecto al original.

Lo que podríamos denominar como «Cultura de la Encomienda» no queda relegada a los siglos centrales de la Edad Media, bajo su tutela se realizaron muchas obras desde el siglo XVI al XVIII, periodo en el que es especialmente destacable la imaginería y los retablos de muchas de las iglesias del Ayuntamiento. Así lo constatan las Parroquias de Santa María Magdalena de A Seara, Santa Eulalia de Bendollo, Santa María de Bendilló, San Mamede de Fisteus, Santa María de Cereixido y Santa María de Quintá de O Lor, sin olvidar, aunque no esté ligada a la Encomienda, el impresionante templo de San Miguel de Montefurado con numerosas reminiscencias del arte castellano de esta época, palpables en su concepción arquitectónica y, en cada uno de sus retablos e imágenes, contenidas en el edificio.

La iglesia, apartada de la aldea, domina desde la parte alta del este la población, acentuando su aspecto de fortaleza. El edificio de raíces medievales presenta, en la actualidad amplios sectores del siglo XVI y reformas mucho más recientes como el mortero de cal y arena que lo recubre. Su planta se articula en tres naves separadas por arcos formeiros que se apoyan en pilares de sección cuadrangular.

La nave central se cubre con techo de madera en dos aguas y las laterales en una sola vertiente. El arco triunfal es de medio punto y da paso a la capilla mayor cubierta con techo de madera y pizarra en cuatro vertientes.

En el alzado norte del prebisterio, y con acceso a la nave, encontramos el baptisterio de planta rectangular. Constituye una de las piezas más primitivas e interesantes del templo.

En la fachada domina el campanario sobre la puerta principal con dos cuerpos emergentes del frontispicio y cuatro vanos para campanas.

Tres puertas en la fachada, con arco de medio punto y el beiril a los pies en los ángulos, que forman el frontispicio con los pilares de la torre.

Los muros son de mampostería y el suelo y el techo de pizarra.

El retablo mayor es salomónico, de dos pisos y de tres calles de los primeros años del siglo XVIII, con una nueva calle por cada lado añadidas a inicios del siglo XVI.

Esculturas de Santa Apolonia, San Marcos y O Calvarios con las figuras de la Dolorosa, San Juan y el Cristo del siglo XVI. Además, esculturas de San Antonio de Padua, San Roque y Santa María Magdalena del siglo XVIII.

El retablo derecho es Neoclásico, de finales del siglo XIX, con tallas de medio cuerpo.

En la nave izquierda, retablo salomónico con esculturas de Santa María de sabor gótico, del siglo XIV o XV.

Escultura de Santiago Matamoros, muy rústica y curiosa, posiblemente del siglo XVII.

Resulta muy interesante el entorno; todo el cerro donde se asienta el edificio principal aparece rodeado por un muro de fábrica de mampostería, conm una altura de un metro y medio aproximadamente, exceptuando hacia el sur, donde se salva un desnivel de unos cuatro metros sobre la carretera.

La entrada del patio que forma este recinto amurallado existe una pequeña capilla con altar dedicado a la Dolorosa y, en frente, un habitáculo donde se depositan los cadáveres de los difuntos hasta el momento de su inhumación; la estancia tiene un retablo de estípites con una escultura de la Dolorosa, perteneciente al último tercio del siglo XVIII

Sin duda, el más singular de todo el conjunto que forma esta iglesia, de las más antiguas del Ayuntamiento de Quiroga, es el viacrucis situado sobre el muro que rodea a la totalidad del edificio; formado por catorce pequeñas cruces de granito, lo que aumenta su excepcionalidad ya que no es un material autóctono. Empieza a la derecha de la puerta de entrada al patio y finaliza en el lado opuesto con un conjunto formado por tres cruces más grandes, la de tamaño medio y la de mayor tamaño, ,en clara alusión al último episodio del Calvario de Cristo.